Día Ciento y treinta y cinco
Guardo nuestros susurros noctívagos - abiertos en canal- entre góticos callejones en los que ni la luna se atreve a iluminar. Pulso en los labios y los dedos helados perdidos en bolsillos ajenos. Brillo iridiscente en los ojos con sabor a nicotina y adrenalina cuando la -des-humanización hace acto de presencia...
Schiele. Pareja sentada