La razón se fugó con un cafiche y ahora se pierde por carreteras secundarias y polígonos industriales, con los tacones rotos y bolsa de plástico bajo el brazo. La impotencia la parte en dos, mientras recuerda aquel viejo tiovivo que agonizaba en la plaza de su pueblo. Atrás quedo su sonrisa nacarada y ese vestido de hilo blanco. Buscaba el amor de su vida y ahora lo compra a cincuenta euros el gramo. Sueños amputados a base de golpes, moratones en la espalda y rápidos polvos entre sábanas roídas por la podredumbre y semen reseco. Narcotizada por los excesos y falsas promesas, recorre lentamente el sucio arcén en busca del ansiado ceda al paso o ese semáforo que hace tiempo dejó de funcionar...
Lucian Freud