lunes, 31 de diciembre de 2012

Día Ciento veintiseis

Los propósitos se difuminan 
entre los bolsillos
de un futuro incierto. 
Se echa de menos, 
se pide de más. 
Contracción del diafragma
aceleración del pulso, 
cuando parturientas sonrisas
son herejes en los velatorios.
Felicidad adulterada,
inquietud omnipresente.

Seamos felices, amor.
Aunque sea por un segundo...

Os deseo un feliz año 2013, que aunque no pinta nada bien, supongo que algún que otro segundo tendrá, no? ;)

Le. chatnoir. No tocarte








viernes, 28 de diciembre de 2012

Día Ciento veinticinco

La magia se esfumó junto al humo del último cigarrillo, dejándonos ese mal sabor de boca que solo produce la más desgarradora desnudez de las sábanas ajenas. Almas heridas que no cicatrizan ni con la mejor de las sedas, supurando cuando la noche está en su cénit -imposible en otro momento- y con total alevosía. Los recuerdos prestímanos se agolpan en nuestras clavículas mientras que como autómatas deshumanizados, buscamos algo con que cubrirnos entre los restos del naufragio...


Goya. Grabado de la serie "Los desastres de la guerra"







    

sábado, 22 de diciembre de 2012

Día Ciento veinticuatro

Arden las comisuras de mi boca cuando intento aplacar el súbito e insistente  vómito de las siempre estúpidas musas. Adrenalina que me ciega al dar el salto mortal en el mismísimo borde del abismo y convertir las sombras en luz y la luz en absolutista oscuridad...


Degas. Detalle de Bailarinas entre bastidores




miércoles, 19 de diciembre de 2012

Día Ciento veintitrés

Suaves notas acarician mi alma, transformando mi dureza en esa fragilidad que solo las cartas suicidas saben transmitir. Suaves notas que me superan, aniquilando cualquier atisbo de sublevación emocional. Suaves notas que solo ellas logran derramar la siempre errática inspiración consiguiendo empequeñecer los bordes de las imperfectas láminas...

                                                                              Francis Bacon. Heads


                                     Chopin. Andante Spianato, Grande Polanaise Brillante, Op.22


lunes, 17 de diciembre de 2012

Día Ciento veintidós

Latente crispación en la yema de mis dedos y furia contenida entre mis párpados que observan tu impasibilidad ante mi particular guerra, sin treguas ni trincheras en las que resguardase. Un grito ahogado en el esternón, el pulso desbocado y tú, alma de cántaro, ignorando que la tormenta está al caer, tumbada frente a ti y sin importarle lo más mínimo las consecuencias...

Le.chatnoir. Erotika VIII


jueves, 13 de diciembre de 2012

Día Ciento veintiuno

El tiempo se eterniza cuando ma petite folie descansa sobre tu vientre y las sombras chinescas se encargan del resto. Los minutos se convierten en siglos y los silencios en arias que romperían en mil pedazos el más fino cristal de Baccarat. El tiempo se eterniza cuando te olvido, cuando te borro y me abandono cual topo ciego por los intrínsecos laberintos del deseo...

Félix Vallotton. Femme nue assise dans un fauteuil




lunes, 10 de diciembre de 2012

Día Ciento veinte

Redobles de tambores al intentar mantener el equilibrio entre la cordura y la más devastadora de las locuras, cada vez que los perfectos pelos de marta kolinsky se dedican a fustigar láminas a destajo. Aquí no hay espacio para la mansedumbre y menos para la condescendencia. Trazos sin sentido cuando los dedos se convierten en verdugos y tú, títere de tus propias emociones. Otra vez se ha abierto la brecha en mi esternón y ni la más eficaz de las masillas pueda cerrarla...


Delvaux. The Conversation





lunes, 3 de diciembre de 2012

Día Ciento diecinueve

Gritos mudos en las gargantas y sobre todo en las crestas ilíacas que -sin éxito, pobre infeliz- reclaman los perfectos y olvidados acoplamientos, gentileza de esas primerizas pasiones que solían derrochar sueños por los rincones donde resplandecían margaritas en jarrones de duras caricias. Gritos mudos que nos convierten en misioneros nocturnos, sin bombillas que alumbren nuestras pupilas dilatadas, las uñas rasgando la piel y ese sucumbir tan humano ante la dulce muerte...


Klimt. Fischblut