lunes, 29 de octubre de 2012

Día Ciento once

Disimulo mi sorpresa ante la seguridad de mi cuerpo sobre los más de diez centímetros de tacón mientras nos perdemos por oscuros callejones del Raval. Fetichismo y deseo en tu mirada. Escalofrío y cierta parálisis bajo el cuero de mi cazadora. Demasiados portales. Demasiadas sombras en las que morir. Demasiados roces sin querer mientras caminamos sin aparente rumbo fijo. Mi cabeza a mil y de tu boca una sola pregunta: " ¿Queda mucho para el hindú de los cojones?"...


Degas. Absenta


viernes, 26 de octubre de 2012

Día Ciento diez

La necesidad de expresar murió junto la última flor que creció entre mi enmarañado pelo. Fueron algunos los cuervos que lloraron la ausencia de tan sentida pérdida, mientras que yo impasible e incapaz ni tan siquiera de recordarla, me dediqué a trenzar bellas cintas de colores con las que amordazar mi boca. Los labios empezaron a agrietarse, los ojos perdieron esa chispa que antaño te volvía loco y la garganta, ay! la garganta, fue la que peor parte se llevó. Desprovista de cualquier forma de vida, se convirtió en la nueva guarida de eso que los eruditos llaman: insensibilidad emocional...

Picasso. Mujer y cuervo


martes, 23 de octubre de 2012

Día Ciento nueve

Esta noche he tenido un sueño. En él, uno a uno se presentaban todos los monstruos que consciente e inconscientemente he creado. No faltaba ninguno y sobraban todos. Mudos y resentidos me miraban reprochándome el olvido. En sus inyectadas miradas solo existía la venganza. Sin dejarme mover ni un ápice, la locura y la lujuria agarraban con fuerza mis extremidades, mientras que la ignominia y la disparidad fustigaban mis sentidos riendo cual hienas sedientas de sangre. Hubo un momento en que creí posible la huida pero las siempre eficaces debilidades me lo impidieron, arrojándome a una eterna espiral de miedo y surrealismo...


Le.chatnoir. Locura







sábado, 20 de octubre de 2012

Día Ciento ocho

Contemplo toda la gama de grises que me regala la amenaza de lluvia y la ya casi inexistente resaca. Fumo e intento pensar o intento pensar y fumo -ahora mismo el orden de los factores no importa- mientras juego con el humo de mi cigarrillo y el caos que se ha apoderado últimamente de mi ser. Hiperactividad en las manos. Lentitud en el cerebro. Absurda incapacidad de poder discernir entre la agonía y el sueño, mucho sueño...

Bouguereau. The First Mourning




miércoles, 17 de octubre de 2012

Día Ciento siete

Terroristas hormonas emocionales zarandean mi hipófisis cual lascivos enanos contemplando con lujuria a la mujer barbuda. Soy temblorosa mano con afilado cuchillo sin atisbo de puntería. Delirio de trazos irregulares que forman los inexpertos acróbatas que habitan en las yemas de mis dedos. 
-Pintar, solo tienes que pintar!- grita incesantemente el maestro de ceremonias, rompiendo mi frágil estabilidad...


Toulouse-Lautrec





lunes, 15 de octubre de 2012

Día Ciento seis

Bajo mis pies crujen hermosas hojas caducas. Suaves lamentos de inertes limbos cual reo ante el golpe de gracia. Bella descomposición orgánica cuya probabilidad de repetición es nula, como nulo es el reencuentro entre nosotros. Porque los dos sabemos que en nuestro microcosmos dos más dos nunca fueron cuatro y que las hipótesis son aquellos susurros que siempre se los acaba llevando el viento...

Egon Schiele. Amantes


lunes, 8 de octubre de 2012

Día Ciento cinco

Sufro una especie de autismo pasajero cuando a golpe de pincel, estropeo inmaculadas láminas o me pierdo cual parásito astigmático -en busca de "la Imagen"- entre pantallas Retina de última generación, algún libro de arte o simplemente entre mi absurda y caótica cotidianidad. Sonambulismo diurno, trastorno extraño o simple evasión a una tercera y surrealista dimensión en la que solo el deseo de la omnipresente soledad y la casi siempre vacua inspiración, es a veces más fuerte que las más estrictas necesidades fisiológicas...


Miguel Angel. Batalla de Cascina






viernes, 5 de octubre de 2012

Día Ciento cuatro

El error fue creer que eras especial, diferente a la multitud sin esencia que nos rodeaba. Y cuando inevitablemente, las vendas cayeron, el impacto emocional fue tal, que en la vida imaginé que la frustración podría precipitarse tan rápidamente por mi garganta. Trago de amarga lucidez, ponzoña que abrasaba como el peor de los orujos y laceraba las pocas ilusiones que me quedaban. Todo esto y más ocurrió mientras asistía atónita a la creación de una especie de dolor crónico incrustado en el plexo solar y al que algunos definen como melancolía. Maldita afección incurable, sin tratamiento ni analgesia posible...


Edgar Degas. Melancolía