lunes, 30 de julio de 2012

Día Noventa

La ira recorre incansablemente mi hipófisis. Hiel en la garganta, herrumbre en el paladar. Y es ahora cuando no soy yo, ni tú, ni él. Solo vulgar prestidigitador que desfallece, al querer hacer desaparecer las tensas e invisibles cuerdas que me regala la vesania, mientras grito y suplico a mis debilidades, un angustioso: -Tomadme soy toda vuestra!-. Porque si de algo estoy segura es de que Houdini nunca existió...


John Collier. Lilith














miércoles, 25 de julio de 2012

Día Ochenta y nueve

Cierro los ojos, tomo impulso y de repente mi frágil corazón se acelera buscando el límite a sus posibilidades. Incapaz de parar, mi mente se zambulle en un torbellino de vértigo y adrenalina.  Ahora puedo ser Dios, tu perfecta amante o esa hermosa golondrina que sobrevuela tu testa dando giros suicidas entre el acero y el hormigón de la gris ciudad. Solo es cuestión de mantener el frágil equilibrio entre la locura y la cordura. Dame la mano y volemos...


Charles Wilkin


viernes, 20 de julio de 2012

Día Ochenta y ocho

Mi inocencia se quebró en el preciso instante en que el pincel violó por primera vez el blanco de tu piel. Mis torpes trazos, buscaban incesantemente imposibles imperfecciones. Adoraba tu cuerpo, lienzo de proporciones exactas en el que dar rienda suelta a mi latente locura. Lloré de emoción ante tu imagen mientras destrozaba camisas, corduras y algún que otro bastidor. Mi inocencia se quebró cuando se terminó derramando el maldito color burdeos...


Vermeer. Muchacha dormida






martes, 17 de julio de 2012

Día Ochenta y siete

Soy efímera como las notas de un Adagio que se pierde por los almendros en flor. Difusa imagen de un orgasmo entre frías sábanas de hilo. Bradicardia ventricular causada por lienzos, láminas Archers y una excesiva exposición a la trementina. Mota de polvo en suspensión sorprendida por un espectro electromagnético. El olvidado sabor de los besos en las papilas caliciformes. Soy un recuerdo, una canción, la absoluta nada...


Toulouse-Lautrec. Toilette






jueves, 12 de julio de 2012

Día Ochenta y seis

Frente al lienzo me transformo en aprendiz de libélula sin ranas de las que escapar, tramposa liebre que cree haber engañado a la tortuga o esa triste  manca que observa con devoción una partida de dados. Frente al lienzo puedo llegar a ser odiosa diosa, maldita fulana sin clientes a los que engatusar o la siempre dolorosa cicatriz infectada. Frente al lienzo siempre seré primeriza partera, la creación y la destrucción en su máximo exponente o el dulce sueño de las margaritas antes de ser decapitadas...


Egon Schiele. Mujer con cabellera negra






lunes, 9 de julio de 2012

Día Ochenta y cinco

Me preguntas el porqué de mis continuos altibajos y yo convertida en piedra pómez- cual patética Edith- tras mirarte por última vez, me quedo inmóvil e  incapaz de susurrarte al oído que mi porqué es porque me deshago cuando me haces, porque el paso de tu lengua en mi clavícula es semejante a la peor de las picaduras de medusa, porque menguo cada día que pasa sin tocarte, porque me exasperan tus silencios, porque me gusta perderme entre tus "si" o los "yo también". Mi porqué es irracional, humano y probablemente provisional...


El Bosco. Detalle de El jardín de las Delicias


viernes, 6 de julio de 2012

Día Ochenta y cuatro

Pronunciamos palabras vacías, rotas mucho antes de que lleguen a su vocalización. Invalidez total en cuanto a la expresión de nuestros sentimientos. Juegos con escuetos diálogos de besugos en los que nos perdemos una y otra vez. Atrofia sentimental, dulce alimento para los alacranes que habitan en nuestra tozudez. Necesito gritar, desgarrar mis cuerdas vocales, ya que me es imposible aguantar ni un minuto más esta mudez emocional...


Munch. Madonna






lunes, 2 de julio de 2012

Día Ochenta y tres

El suelo arde bajo mis pies, me quema, me abrasa, semejante a tus manos cuando recorren la cara interna de mis muslos. Cierro los ojos con la nula esperanza de elevarme, convertirme en dióxido de carbono, humo que se escapa por la comisura de los labios y ser otra brecha más en la capa de ozono. Déjame soltar lastre, abandonar esta yerma historia que tan minuciosamente hemos creado, volver a ser el bello Ícaro que una vez fui y romper con todas mis fuerzas el cordón umbilical que me une a tu sexo. Porque simplemente se trata de eso: volar hasta caer, fracturando por milésima vez este ajado cuerpo...


Jenö Kertész. Ícaro ( 1919)